Escucho a los lobos cantar a la luna, su canto hipnótico hechiza mis oídos, el oscuro reino de la noche siempre me seduce suavemente, me acaricia con su brisa nocturna, me besa con sus pálidos y brillantes labios de estrellas, y su rostro, blanco, dorado, azul… me hace suspirar al verlo. Escucho los grillos, entre la hierba del bosque entonan dulces canciones de cuna, con la sinfonía de su mágica música suavemente voy cerrando mis ojos, entonces el príncipe de los sueños: Morfeo, viene en su carruaje de nubes, y tomándome entre sus fuertes y tibios brazos, me lleva a su reino… el reino del ensueño; inconciente de lo que ocurre a mi alrededor, simplemente siento que mi espalda da a luz unas blancas alas de ángel, vuelo, soy libre. Morfeo sonríe desde su carruaje, al dejarme ir a su reino, de pronto mi vuelo es interrumpido por una brillante luz entre las nubes, me acerco presurosa, y descubro que entre las suaves nubes de algodón, hay un bello ser, un unicornio con un brillante cacho que desde la tierra, pensarían que es una estrella. Mi presencia no parece molestarle, y me acerco un poco más, esta dormido y las nubes no son más que sus sábanas, me arrodillo a su lado, y acaricio su suave cabello, es tan brillante como hilos de plata, y su cuerpo es blanco como la nieve, súbitamente, este dulce ser, abrió sus bellos ojos, su mirada era purpúrea, y parecían ser los ojos más plácidos y tranquilos que jamás había contemplado antes, pareció sonreírme, y se puso de pie, yo lo abracé rodeando su blanco cuello, y el parecía mirarme dulcemente, suspiro, dejando escapar en su hálito, miles de lucecitas que alegres bailaron hasta llegar al océano, y al tocar el agua, se convirtieron en peces que nadaron libres dejando destellos tras su baile marítimo. Mi nuevo amigo y yo, observamos el paisaje, la aurora boreal, colorea el cielo con hermosos tonos, y nos abraza de cuando en cuando… mi tibia y dulce compañía me hace sentir muy bien…
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