Caí sobre el verde y fresco pasto, el rocío de la madrugada resbalaba sobre mi rostro, estaba cansada… le había buscado en tantos lados, y siempre me encontraba con lo mismo, príncipes falsos, que se ocultaban bajo una capa azul, pero a la luz del sol… huían a las sombras.
Una lagrima se escapó de mis ojos cafés… entonces me puse de pie y la limpié rápidamente, pero otra le sucedió, y otra… se estampaban en mi vestido azul, formando figuras… a veces flores, a veces estrellas…
- Fuyu… ¿Dónde está mi Fuyu? –susurré sollozando-
¿Tendría que esperar más? Y si así era… ¿Cuánto tiempo esperaría? Ya habían pasado cuatro años desde que dejé la casa de muñecas. Mi piel estaba requemada, mis pies cansados, mi cabello enredado… mi corazón…
- Solitario…
Cerré los ojos recordando la felicidad con la que había soñado tanto. Había conocido muchas personas en este tiempo… mi hada y su vampiro eran mis acompañantes fieles, su felicidad me daba fuerzas para seguir adelante con mi búsqueda…
- “Encontraremos a tu príncipe” –susurró Netzach, aquella hermosa hada con cabello azabache, que me había encontrado una noche en el bosque.-
Entre lágrimas me quedé dormida, no sé cuantas horas o días habían pasado cuando una suave música me despertó. Era algo nuevo, de eso no había duda… parecía como un susurro en el viento, como el sonido silencioso de la nieve cayendo sobre las hojas de los árboles, sin embargo, hacía calor, y no estaba nevando…
Me puse de pie al instante, corrí y corrí entre los árboles, tratando de seguir el sonido… aquel sonido de nieve…
- ¿Nieve…? ¿acaso? …
Corrí más de prisa y me detuve en un claro, vi muchas personas reunidas ahí, tal vez en un concilio importante, tal vez en una celebración, eso no lo sabía. Me acerqué con curiosidad, y entonces detrás de todas esas personas vi a alguien alto, su piel de porcelana era blanca como la nieve, llevaba puesto un sombrero negro que le escondía el cabello… pero puede ver como le caía dulcemente sobre los hombros.
Sin saber que hacer o decir, me detuve ahí… quería correr, quería decir algo, quería pensar que aquel ser maravilloso era mi príncipe… ¿lo era? Aquella aparición milagrosa se acercaba cada vez más, asomándose para ver entre la gente… ¿me miraba a mi? Yo era la única aparte de ellos…
Unos hombres pequeños y bronceados lo detuvieron y lo llevaron de un lado a otro en aquella bóveda de árboles. Yo observaba, esperando una oportunidad, algo que me indicara que podía acercarme, entonces me miró fijamente… y avanzó hacia mi, al principio despacio, como dudándolo… luego caminó más de prisa. Un impulso interno me hizo correr y lanzarme en sus brazos… el tibio contacto de mi mejía sobre su pecho me lo confirmó…
- Fuyu… eres real… -susurré-
- Haru… -sonrió-


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