La luz de luna lentamente cubre mi cuerpo, la princesa de la luna se apodera de mis pensamientos, y sus rizos color plata se vuelven zafiros en mi cabeza, al abrir mis ojos, ella es quien observa el paisaje de la tierra, y el hechizo del satélite, cae sobre mí, como la lluvia de estrellas que cubre mis hombros como un tibio abrigo transparente, mi ropa se vuelve blanca como la de la princesa, y dormida dentro de mí cuerpo, sueño con el hermoso paraíso de la luna, el reino de plata, mientras la princesa se pasea dentro de mi cuerpo, y observa sorprendida las bondades de la tierra, parece hechizarle este lugar, camina hacia el mar, el océano la recibe con un beso a mis blancos pies, sin embargo, no siento tal amor, ella lo recibe con una sonrisa, respira el tibio aire de la tarde, mientras tomando prestada mi voz, canta en el idioma de su reino, hermosas canciones que hechizan a quien las escucha, los demás seres la observan, creyendo que soy yo la que canta, la princesa sólo les sonríe desde la dorada playa, y los ojos de los humanos se pierden en los míos, en la mirada de la princesa, la mirada que poco a poco, se convierte en la mía. Las visitas de la princesa son cada vez más constantes, y ella se convierte en una parte de mí, vive en mi alma, comparto mi cuerpo con ella, y ambas formamos un solo ser, la princesa de la luna y yo, somos una sola, un solo ser, una sola alma, una extraña combinación de la mística luna, y la belleza terrestre. Sus pálidas manos yacen en las mías, mi cálida sonrisa yace en la suya, mi voz y la suya son una… y nuestros corazones se unen al toque de la luz de luna en mi cuerpo…
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