El viento besa mis suspiros, suspiros que rozan tu cabello de azabache, azabache como la noche que cubre mi cuerpo, cuerpo que yace en el suelo, suelo que bebe mi sangre.
Mi mirada se pierde con el rumor de las olas y a medida que el alma, la vida, la esencia huye de mí ser, recuerdo tu nombre. Entonces miro tu tibia sonrisa de primavera en mi mente, tu presencia reconfortante me llena de nuevo, queriendo volver a vivir, queriendo tenerte junto a mí. De pronto, entre la niebla aparece una silueta, que ilumina mi vida como un sol en medio de una tormenta, te acercas y besas mis heridas que curan enseguida, que se cierran como la flor de las once en la tarde. Besas suavemente mis manos y me levantas mientras me miras con esa dulce mirada que te caracteriza, la oscuridad desaparece, se esconde, muere cuando te vuelvo a ver… cuando estás conmigo.
Mi mirada se pierde con el rumor de las olas y a medida que el alma, la vida, la esencia huye de mí ser, recuerdo tu nombre. Entonces miro tu tibia sonrisa de primavera en mi mente, tu presencia reconfortante me llena de nuevo, queriendo volver a vivir, queriendo tenerte junto a mí. De pronto, entre la niebla aparece una silueta, que ilumina mi vida como un sol en medio de una tormenta, te acercas y besas mis heridas que curan enseguida, que se cierran como la flor de las once en la tarde. Besas suavemente mis manos y me levantas mientras me miras con esa dulce mirada que te caracteriza, la oscuridad desaparece, se esconde, muere cuando te vuelvo a ver… cuando estás conmigo.


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