Las nubes comenzaban a danzar arriba del tejado, con una música de truenos que las hacía sonreír.
- Pronto caerá una tormenta… -dijo Tania-
- Así es –respondió Jonás-
Tania y Jonás eran amigos desde hace mucho tiempo, se habían conocido de pura casualidad una tarde de invierno de hace un año. Ambos eran tan diferentes el uno del otro, Tania era como el sol, alegre, deslumbrante, hermosa. Jonás era como la noche más sombría y fría, tenía un corazón cubierto de nieve, había sufrido mucho…
Una brisa helada se coló por las ventanas, pero ninguno de los dos se levantó, se quedaron ahí, sentados en el sofá… Tania se acercó al joven y tomó su brazo.
- Abrázame, tengo mucho frío.
- Si te abrazo, congelaré tu corazón.
- No digas eso… sé que por dentro eres muy tibio.
Él la miró unos segundos. ¿Tibio? ¿De dónde había sacado eso? Él, quien no hablaba si no era necesario, quien no tenía amigos, quien no conocía el amor… ¿un abrazo? Eso no era más que un gesto innecesario y sin sentido para él… sus brazos no podían acunar nunca a un alma humana…
- Vamos, no seas testarudo. ¿Dejarás que me muera de frío? –preguntó Tania sonriendo-
El la miró de nuevo. Esa sonrisa… sí, ella era como el sol, el único sol en su vida…
- Si tienes frío, cerraré la ventana.
Jonás se levantó y cerró la ventana. Luego regresó al sofá junto a la chica. Ella entonces lo rodeó con sus brazos morenos… él se estremeció…
- Tú también debes tener frío. –dijo la chica susurrándole al oído-
Hubo un largo silencio, las gotas de lluvia comenzaron a besar los cristales de las ventanas…
- ¿Por qué siempre eres así conmigo? –preguntó el chico confundido-
- ¿No lo sabes?
- No…
Silencio… a veces era tan común que las palabras desaparecieran… que murieran en sus labios, que se quedaran atrapadas en sus corazones.
- Es porque… eres mi amigo.
Sí, a veces él podía sentir su calidez… a veces. ¿Acaso era su imaginación? ¿Acaso el podía sentir su piel? Jonás comenzó a desaparecer… habían pasado dos meses desde aquel accidente en la motocicleta en el que había perdido la vida… sí la vida, pero no aquel sentimiento hacia Tania. La chica echó a llorar y él se disipó…
- Discúlpame Tania…
- Pronto caerá una tormenta… -dijo Tania-
- Así es –respondió Jonás-
Tania y Jonás eran amigos desde hace mucho tiempo, se habían conocido de pura casualidad una tarde de invierno de hace un año. Ambos eran tan diferentes el uno del otro, Tania era como el sol, alegre, deslumbrante, hermosa. Jonás era como la noche más sombría y fría, tenía un corazón cubierto de nieve, había sufrido mucho…
Una brisa helada se coló por las ventanas, pero ninguno de los dos se levantó, se quedaron ahí, sentados en el sofá… Tania se acercó al joven y tomó su brazo.
- Abrázame, tengo mucho frío.
- Si te abrazo, congelaré tu corazón.
- No digas eso… sé que por dentro eres muy tibio.
Él la miró unos segundos. ¿Tibio? ¿De dónde había sacado eso? Él, quien no hablaba si no era necesario, quien no tenía amigos, quien no conocía el amor… ¿un abrazo? Eso no era más que un gesto innecesario y sin sentido para él… sus brazos no podían acunar nunca a un alma humana…
- Vamos, no seas testarudo. ¿Dejarás que me muera de frío? –preguntó Tania sonriendo-
El la miró de nuevo. Esa sonrisa… sí, ella era como el sol, el único sol en su vida…
- Si tienes frío, cerraré la ventana.
Jonás se levantó y cerró la ventana. Luego regresó al sofá junto a la chica. Ella entonces lo rodeó con sus brazos morenos… él se estremeció…
- Tú también debes tener frío. –dijo la chica susurrándole al oído-
Hubo un largo silencio, las gotas de lluvia comenzaron a besar los cristales de las ventanas…
- ¿Por qué siempre eres así conmigo? –preguntó el chico confundido-
- ¿No lo sabes?
- No…
Silencio… a veces era tan común que las palabras desaparecieran… que murieran en sus labios, que se quedaran atrapadas en sus corazones.
- Es porque… eres mi amigo.
Sí, a veces él podía sentir su calidez… a veces. ¿Acaso era su imaginación? ¿Acaso el podía sentir su piel? Jonás comenzó a desaparecer… habían pasado dos meses desde aquel accidente en la motocicleta en el que había perdido la vida… sí la vida, pero no aquel sentimiento hacia Tania. La chica echó a llorar y él se disipó…
- Discúlpame Tania…


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