CAPITULO III "Admirador" PARTE III

lunes, 23 de noviembre de 2009

 


.-Kaname-.

La luz del sol disminuía tan lentamente, esperaba ansioso que el mundo fuera a dormir, sí… que cerraran los ojos y se dejaran caer sobre sus almohadas, inocentes de que volamos sobre ellos. En realidad… mi existencia era únicamente interesante gracias a los humanos. Me divertía con ellos, entraba en cuerpos de millonarios y malgastaba su dinero, hacía temblar a cualquiera que me propusiera. Adoraba ver como los religiosos intentaban expulsarme, como si fuera un demonio vulgar e inferior, como los que ellos conocen…

No, yo no soy así ¡que poco esperan de mí! Admito que a veces les sigo el juego, sólo por confundirlos cuando ven que sus “conjuros” no hacen efecto… es tan divertido.

Sin embargo, aquel día fue distinto. Volaba sobre un viejo edificio cuando lo sentí, un alma y… una humana. La chica hablaba con aquel fantasma tranquilamente. Había visto miles de casos y pensé que podría sacar provecho de ello, me acerqué sin hacer notar mi presencia.

Esa chica no era como los demás, tenía algo… un destello en sus hermosos ojos café, una ondulación fascinante en su cabello café oscuro, una bella sonrisa y ese aroma… tenía el aroma de una flor mística, que no crece en este mundo… era hermosa. Leí su nombre en su mente… Nadeshico Aoi… un clavel blanco en medio de mi oscuridad.

Pensé llamar su atención de muchas maneras, hasta que decidí poseer a un niño, no era seguro, pero existía la posibilidad que viniera a mí, y así fue. Desde entonces no puedo dejar de seguirla, en silencio… lejos… para que no detecte mi presencia, la observo durante todo el día, la veo comer, vestirse, dormir y trabajar con fantasmas, espíritus y un par de exorcismos. Me alegra haber sido el primero, ahora ha aprendido más cosas, observo su evolución desde las sombras.

Aun no me atrevo a tocarla… y hoy, espero a ver qué hará. ¡Ah! Ya terminó de arreglarse, es tan hermosa… y esa ropa negra le sienta muy bien.

- Ya me voy. –dijo antes de salir-

- Adiós hija. –sonrió su madre-

Caminaba tranquilamente en la calle, con su sombrilla negra, siempre se ocultaba del sol, me preguntaba ¿por qué lo odiaba tanto? Llegó al parque como de costumbre y se sentó en una banca de metal, de las muchas que había a la orilla de los caminos que provenían de la nada. Sacó una bolsa de maicillo, y tomando un poco en la palma de su mano, la regó en el suelo, al instante varios pájaros bajaron a comer. Ese lunes, el parque estaba completamente solo, un corredor ocasional o unos niños con uniforme de colegio, eran los únicos aparte de ella, los pájaros… y yo.

Una suave brisa agitó su cabello y arrastró su perfume hasta mi rostro… inhalé… era agradable. Ella se alarmó, y miró donde me encontraba, pero no se levantó, regresó su mirada al maicillo y lanzó otra oleada al pasto. ¿Era posible que me hubiera detectado por un momento?

- ¿Quién eres? –preguntó-

Guardé silencio, aun no quería confrontarla, no era todavía el momento. Oculté mi presencia el resto del día, hasta esa noche…

Al llegar a su casa, después de una ligera cena, fue a su habitación, se quitó su vestido con revuelos y usó en su lugar un camisón blanco, sin mangas, lavó sus dientes, cepilló sus rizos y fue a su cama. Se sentó, juntó sus manos y cerró sus ojos. Estuvo así unos momentos… ¿Qué hacía?... Leí su mente…

- “…por favor, dame fuerzas para luchar contra el mal, ayúdame a llevar tu luz a los lugares más oscuros, bendice a Naoko y a mí para poder expulsar el mal del mundo… ayúdanos para que podamos hacer de esta ciudad un mejor lugar para vivir…”

Sus oraciones no variaban mucho de otras que había escuchado antes, después de terminar se acostó y apagó la pequeña lámpara de su mesa de noche. Me deslicé entre las sombras y esperé a que durmiera, pasó una hora… estaba completamente dormida. Me senté en el borde de su cama y acaricié su rostro. Varios pensamientos me atacaron al sentir la suavidad de su piel, ¿debería dejarla con vida? Estaba destruyendo a otros demonios… ¡Ha… que importa! Esos miserables no me interesaban en absoluto…

Sí… la deseaba, pero… no era así como quería que sucedieran las cosas, quería que por su propia voluntad se entregara a mí… Nadeshico…

Ella abrió los ojos de pronto y se levantó asustada, su respiración agitada se aceleraba cada vez más. Entonces me miró, yo sonreí, no me molesté en ocultarme… quería que me viera. La chica no podía quitarme los ojos de encima.

- ¿Quién eres? –preguntó-

La miré sonriendo en silencio, ella retrocedió en la cama sin saber que hacer…

- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué me sigues?

- ¿Así que me habías notado antes? –pregunté-

Enmudeció unos segundos, mientras apretaba cada vez más sus manos en las suaves sábanas que la cubrían hasta la cintura…

- No soy tan tonta… ¿quién eres?

- ¿Ya me olvidaste? Mi nombre es Kaname.

Ella me miró curiosa…

- Kaname… ¿Qué haces aquí?

- Sólo quería verte… conocerte.

- ¿Por qué a mí? –parecía confundida-

- Eres… interesante.

- Tú… -escalofríos corrían en sus brazos desnudos- eres un demonio…

- Sí… ¿No me echarás con tus oraciones?

Traté de ocultar mi risa, pero me fue imposible, sabía que todo eso no me haría ni el más mínimo daño, pero quería ver que haría Nadeshico… ¡moría de curiosidad!

- ¿Así que quieres conocerme? –preguntó… parecía haber controlado su miedo-

- Si.

- Me incomoda que me observen cada segundo.

Miré a otro lado y guardé silencio…

- ¿Cuántos segundos van? ¿cinco, diez? –pregunté con una sonrisa en mis labios, luego la miré de nuevo- no me iré tan fácilmente.

Ella me miró molesta unos segundos, de pronto se dio la vuelta y se acostó, cubriéndose con la sábana.

- No molestes, estoy cansada.

Su actitud me sorprendió… ¿acaso no tenía miedo?

- ¿Qué ocurre? –pregunté molesto- ¡Soy un demonio! ¿No intentarás echarme?

- Silencio… quiero dormir.

Cerró los ojos, sentado a su lado, la miré confundido, ¿así que no me temía tanto como parecía? ¿O acaso estaba demasiado segura de sí misma? Si lo hubiera querido, la hubiera matado en ese mismo instante, sin embargo… al ver su rostro no pude moverme, simplemente me quedé observándola boquiabierto.

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