"Atlanta"

jueves, 14 de mayo de 2009

 


- ¡Puchica! - ¡Tu tío piensa que las bicicletas también van en el carril de los carros! –grito Montoya-
- Hay –suspiró Karla- dejá al pobre hombre y seguí manejando.

Llegamos a la comunidad “Atlanta” alrededor de las seis de la tarde, San Ramón no parecía ser muy seguro, menos a esa hora.

- Mirá, busquemos un parqueo y vamos rápido –sugirió Sayra- que a esta hora, ya se esta poniendo algo feo.
- Sugiero que se quede alguien en el carro… no vaya a ser.
- No man… vamonos todos.- dijo Montoya bajando de su Peugeot verde musgo- de todos modos… si nos llegan a pedir las cosas… ¡se las damos!
- Menos mal que para eso te traíamos Montoya –dijo con una nota de sarcasmo Naty- para que nos cuidaras.

Bajamos con un poco de miedo y caminamos muy juntos, las caras de todas las personas que se asomaban curiosas, no eran muy amigables, era muy obvio que no éramos de por ahí.

- Vaya, vaya, ¡tomá una foto de eso! –decía Karla apresurada-
- Perate, a mi me da algo de miedo sacar la cámara aquí… además, imagínate si la gente se ofende, es mejor si las tomamos sin que se den cuenta.

Avanzamos por el estrecho callejón, las casas de los lados se alzaban sobre nosotros con sus paredes viejas y pintadas por los “mareros”, alguna que otra lámina raída se desprendía de varias casas, los niños corrían felices tras una pelota de caucho.

- ¡Vaya! –grito uno- ¡Hace un tiro libre!
- ¡No! –le respondió la otra- No quiero que se me moje.

Pasamos rápidamente tomando fotos cuando nadie nos veía, llegamos hasta el final del callejón, que doblaba a la izquierda, Sayra corrió al tope y tomó varias fotos.

- ¡Sayra vamonos! –gritó Katty-

Caminamos rápidamente hasta llegar al lugar donde los niños jugaban pelota. Dos hombres venían claramente a nuestro encuentro, sus rostros morenos parecían amenazadores.

- Niñas, vamonos por aquí. –Sugirió Montoya-

Seguimos al único niño con nosotras, de pronto, por ese callejón, venían otros dos hombres, sus ropas largas y flojas no nos dieron muy buena espina, sin embargo, pasaron de largo. Corrimos hasta el parqueo y subimos súbitamente al auto…

- Puchica, casi no tomamos fotos.- se quejó Karla-
- ¡Es que usted Karla! –gimió Montoya-
- ¿Yo porqué? –refutó la aludida-

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