Danza nocturna

sábado, 4 de julio de 2009

 


El cielo estrellado susurraba en la ventana, no había ningún ruido esa noche de julio. El bosque murmuraba sobre dulces historias de amor con el viento, los búhos canturreaban dormitados en su sueño de medianoche… la lluvia de hace un rato había dejado olvidado su pañuelo blanco de seda, y ahora se extendía sobre el suelo del bosque, cubriendo los pies de los árboles y zigzagueando hasta perderse en el verde panorama nocturno.


La laguna brillaba como un espejo, reflejando la tenue calma de la noche, me moví despacio avanzando paso a paso… lentamente, levantando mi vestido blanco para no mojarlo. Bailé con la luz de luna, como solía hacerlo siempre… en un ballet de ensueño donde la prima donna estaba completamente sola en medio de la laguna… cantando… danzando… esperando…


¿Por quién? ¿A quién esperas? –preguntó una estrella curiosa-


Sin dejar de danzar, sonreí…


Espero a mi príncipe…


¿A tu príncipe? –Preguntó un lucero más lejano- ¿Él tardará mucho?


Eso no lo sé… -sonreí- sólo sé… que vendrá, y que bailaremos un “pas de deux” eterno bajo la luz de la luna.


¿El príncipe puede bailar? –Preguntó de nuevo la estrella joven que sonrió al escuchar la historia-


No lo sé… -contesté- pero si no lo sabe, podría enseñarle pacientemente.


Levanté mi brazo derecho para acariciar a la estrella preguntona…


¿Nos alumbrarás cuando el venga? –le pregunté-


¡Sí! –Contestó deslizándose por mi mano y prendiéndose de mi cabello- me encantaría ser tu prendedor, para ver al encantador príncipe.


Sonreí y seguí mi danza, la luna brilló un poco más, arropada con ligeras nubes que nadaban lentamente en la oscuridad…

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