Muñeca VII -El túnel oscuro-

lunes, 3 de agosto de 2009

 


Después de escuchar como quitaban las cadenas, los candados y oír como los dejaban caer pesadamente sobre el suelo... sólo vi como la puerta quedaba entreabierta, esperaba ver entrar al demonio, pero nadie entró, nadie se asomó, ni siquiera una sombra furtiva. Me levanté lentamente y caminé hacia la puerta dudando, me detuve y halé…

Un corredor sombrío se extendía de izquierda a derecha, había cientos de puertas, tuberías viejas y oxidadas goteaban incesantemente. Ni un rayo de sol entraba ahí. Miré a la derecha, había una sencilla puerta de madera.

- Esta debe ser... –susurré-


La mano me temblaba cuando al fin conseguí ponerla en el picaporte, de pronto, un escalofrío recorrió mi cuerpo, como una fría sensación de miedo, de que algo no andaba bien. Inhalé profundamente y abrí la puerta lentamente. Me asomé despacio, era totalmente blanca, un hermoso piano de ébano descansaba sobre una alfombra hermosísima, tejida con hilos de seda, la gran cama blanca estaba a un lado, junto a un escritorio de madera. Entré muy despacio…


- ¿Fuyu?


El lugar estaba vacío, una lágrima se deslizó por mi mejía de porcelana. Al llegar al escritorio vi muchos libros, al abrirlos descubrí hermosos dibujos, paisajes, lagos, el mar… de pronto, vi rostros, todos hermosos, pero los dibujos no habían sido terminados y estaban tachados.
Habían muchas páginas así, pero luego, sus dibujos, los rostros… ya no estaban tachados. Boquiabierta vi que el resto del cuaderno estaba lleno de ese rostro… ¡mi rostro!

A veces como una sirena, a veces con alas de mariposa, acompañada de un unicornio, un Pegaso, pero en la mayoría, con alas blancas… como un ángel. Tomé el cuaderno entre mis manos y lo abrasé tiernamente, sin embargo, él no estaba ahí. Me senté en el borde de la suave cama y miré el suelo mientras pensaba… ¿Qué había ocurrido? ¿Se había marchado? ¿El demonio le había hecho daño?

Desperté súbitamente de mis pensamientos al ver una venda blanca cubierta en sangre en el suelo. La levanté sorprendida, y entonces, descubrí una papelera junto a la cama, llena de vendajes como el que sostenía. Gasas, algodón, todo con sangre…

No pude evitar llorar… ¿acaso algo le había ocurrido a mi ángel? Tomé el libro y regresé a mi habitación, metí en mi carterita negra la foto de mi príncipe, el dibujo que el demonio había traído y tres pañuelos, la colgué sobre mi hombro, calcé mis botas favoritas y salí de nuevo con el libro en mis brazos. Me detuve en el umbral y miré detrás… luego levanté mi vestido para no tropezar y corrí de prisa por el corredor, al final había una puerta entreabierta… un rayo de luz rasgaba la oscuridad, me acerqué con timidez…. ¿era el sol?

Abrí la puerta y una luz brillante me encegueció, cubrí mi rostro con mis manos para proteger mis ojos, hasta que se acostumbraron a la luz. Di un paso hacía fuera y pisé un suave césped verde oscuro, un bosque amplio se extendía frente a mí. Desnudé mi mano del delicado guante de seda negra que llevaba, para sentir el tibio beso del sol... casi lo había olvidado, era una sensación maravillosa. Una brisa jugó con mis cabellos…


- No volveré la mirada...-susurré-


Apreté los puños y seguí caminando alejándome de la casa de muñecas. No tenía idea de lo que había ocurrido con el demonio, ni porqué las puertas no estaban aseguradas, lo único que sabía… lo único que llenaba mi mente…


- Fuyu… mi príncipe, voy a encontrarte.

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