Muñeca VIII -El encuentro- ~Parte II~

miércoles, 26 de agosto de 2009

 


Todo lo demás se convirtió en nada, desapareció en aquel segundo efímero, un cálido sol de primavera se extendió sobre todo mi bosque. Los pájaros dormidos cantaron dentro de mi alma, los árboles entumecidos por el invierno estiraron sus ramas dejando caer aquella nieve que por tanto tiempo había cubierto mi corazón abandonado…


Sus brazos eran justo como lo imaginaba: Tibios y confortables, brindaban una gran seguridad y calma. Inhalé su dulce perfume hasta perder la conciencia de mi misma, cerré los ojos y lo rodeé con mis brazos en un fuerte abrazo.


Sí… era real, pensé que desaparecería al contacto, como en un sueño, pero él seguía ahí, y correspondió a mi abrazo, me apretó contra su pecho y sonrió…


- Haru… ángel…-susurró- mi primavera…



Sin decir nada, suspiré y acaricié su rostro, me dejé caer en sus ojos bañados en luz de luna, en su cabello con rayos de sol y luz estelar. Deslicé mi mano por su rostro perfecto, dibujando su silueta… aún no podía creerlo. ¿En verdad era posible que existiera un ser tan irreal?... alguien tan…


- Perfecto… -musité-


Él sonrió tomando mi rostro entre sus suaves manos. Cerré los ojos y sentí sus dedos recorriendo mis mejías, mis ojos, mi frente, mis labios…


- No –sonrió- lo único perfecto aquí… eres tu.


Una brisa sopló en el bosque, un aroma a flores silvestres y a canela envolvió el ambiente y tomados de la mano, recorrimos el bosque, caminamos junto al río, nos sentamos en una pradera sobre una alfombra de flores azules, amarillas, blancas, rojas, lilas…


- Te estuve esperando… te estuve buscando en todos lados, y no podía encontrarte. –murmuré, sin dejar de contemplarlo-

- Entonces, podemos decir casi lo mismo, yo te esperaba sólo a ti… a mi único amor.


Me sonrió con sus labios rosáceos, un dulce rubor cubrió su blanco rostro… Sonreí sintiendo escalofríos y un huracán de mariposas en mi estómago, que se condensaron como nubes y subieron posándose sobre mis mejías, moviendo sus alas en una danza traviesa, que me delató ante aquel ser celestial y de ensueño.


Lo abracé de nuevo, temiendo que en cualquier momento, se esfumara como un espejismo, cada segundo lo sujetaba con más fuerza, y sí… seguía ahí.


- ¡Eres real! –reí emocionada-
- Increíblemente… tu también –respondió dulcemente- te escapaste de mis sueños, pero aquí estás… mi ángel de ensueño… mi Kastarnia.


No quería que aquel momento terminara, ansiaba que fuera eterno…


- Mi príncipe -susurré-

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