.-Zafiro-.
Las luces nocturnas avanzaban a los lados rápidamente, la aguja del acelerador iba cada vez más rápido a medida que presionaba la palanca bajo mi pie derecho. A mi lado, Naoko miraba asustada el velocímetro que subía cada vez más. Aoi, miraba perdida las luces de la ciudad, lucía un poco triste, había hablado poco en el día.
Acabábamos de salir de exámenes y quería invitarlas a comer, habíamos estudiado muy duro…
- ¡Zafiro… baja la velocidad! –ordenó Naoko-
- No seas miedosa, no pasará nada.
- Zafiro… es en serio.
- ¡Hay vos! ¡Que miedosa!
- La verdad, es que vas algo rápido… -susurró Aoi a mis espaldas-
- Está bien, les dará un ataque antes de llegar al restaurante.
Observé con una sonrisa como el rostro de Naoko se tranquilizaba, estaba muy nerviosa. Miré al frente, no me había percatado de la curva que estaba frente a nosotros, y perdí el control del automóvil.
Lo último que recuerdo son los gritos de las chicas y un espasmo en el estómago, después… todo se volvió negro, los sonidos comenzaron a hacerse cada vez más lejanos… y entonces… todo desapareció… el viento, las imágenes, los sonidos… no había nada. Mi cuerpo flotaba en un gran espacio vacío. No sabría decir cuanto tiempo pasó, sólo sé que de pronto abrí los ojos… vi muchas cosas extrañas, parecía que estaba sobre el pasto, en un parque o algo parecido, pero cuando quise levantarme, mis brazos no me respondían, me sentía extraño. Vi pasar a muchas personas, pero ni siquiera me miraban.
No podía levantarme, entonces, intenté gritar, pero un horrible graznido salió de mi garganta. Asustado, giré mi cuerpo y quedé boca abajo, me apoyé en mis brazos y conseguí ponerme de pie, me pareció extraño quedar a tan baja altura… No sentía todos mis dedos, cuando intenté mirar hacia abajo, solo vi el pasto… ¿Dónde diablos estaban mis pies?
Di pasos lentos, algo andaba mal, me acerqué a una señora que caminaba junto a un niño pequeño…
- ¡Pajarito! –gritó el niño señalándome-
- Es un cuervo… -dijo la señora-
¿Un cuervo? ¿Por qué me señalaban y me decían cuervo? ¿Por qué no me ayudaban? Me sentía muy mal. Entonces escuché unas voces familiares que se acercaban…
- Aún no lo puedo creer… apenas hace un mes estaba con nosotras…
- Sí… pobre Zafiro, me hace mucha falta.
Reconocí esas voces al instante… eran Naoko y Aoi, estaba seguro, ellas me ayudarían.
Me acerqué lentamente con gran esfuerzo, y vi los típicos zapatos de charol de Aoi, siempre creí que le sentaban muy bien. Aoi era muy reservada, tenía un estilo medio infantil y gótico, ella decía que era algo llamado “Lolita” usaba faldas re vueludas y listones. Naoko también tenía un estilo parecido, pero era un poco más “sexy”. Usaba menos ropa que Aoi.
Aoi fue la primera en verme, lo hizo fijamente, con esos ojos café oscuro que a veces me daban escalofríos… guardó silencio y se hincó junto a mí…
- ¿Qué sucede? –susurró dulcemente- ¿te lastimaste un ala?
- ¿Qué es? –preguntó Naoko-
- Un cuervo, está lastimado.
Aoi me levantó en sus manos, no sé como, pues yo pesaba el triple que ella, sin embargo, lo hizo sin ningún esfuerzo, además… cabía entre sus palmas… ¿Cómo era posible? No pude articular palabra alguna, no sabía que decir, estaba demasiado asustado para preguntar que pasaba…
La chica levantó mi brazo y lo examinó detenidamente…
- Uhm… no es muy grave, sanarás pronto.
Soltó un listón negro de su cuello y lo ató en mi brazo…
- Listo, ahora estarás mejor.
- Aoi… -murmuré-
Para mi sorpresa, ambas me miraron con un gran asombro, como incrédulas de lo que habían oído…
- ¿Escuchaste? –preguntó Naoko-
- Sí… ¿Tu también?
- No puede ser…
Yo las miré con esperanza…
- ¡Lo sabía! –exclamé- ¡Sabía que ustedes si iban a ayudarme!
Sus rostros se volvieron pálidos, Aoi me había soltado y caí en su falda esponjada…
- ¿Quién… quién eres tú? –preguntó Naoko-
- ¿Acaso no lo ven? –pregunté desesperado- ¡Soy yo! ¡Zafiro!
Hubo un largo silencio, nadie dijo nada, ¡vamos! ¿Acaso era tan difícil reconocerme?
- ¡Eso no es cierto! –dijo Naoko- ¡Zafiro está muerto! Además… tú eres un cuervo…
- ¿Pero que están diciendo? –pregunté- ¿porqué todos dicen eso al verme? ¡No estoy muerto! ¡ESTOY AQUÍ!
En silencio, Aoi sacó un pequeño espejo de su maletín y lo puso frente a mí… entonces, mi reflejo confirmó mis dudas, y el porqué me sentía tan extraño… en verdad… ¡era un cuervo!
- Un cuervo… -susurré- no puede ser… ¿dónde? ¿Qué pasó? ¿Dónde está mi cuerpo?
Ambas me miraron preocupadas…
- En serio… ¿Tú eres Zafiro? –Naoko parecía incrédula-
- Claro que sí… pregúntame lo que quieras, lo que creas que sólo yo sé.
Naoko lo pensó un poco y entonces me miró fijamente…
- De acuerdo, tú y Nadeshico son los únicos que saben esto… ¿Cómo nos conocimos?
- Eso es muy fácil… -sonreí- ustedes estaban comprando telas en un centro comercial, cuando comenzó a temblar, yo estaba afuera caminando, y vi que todas las telas caían… ustedes estaban justo en medio de la lluvia de telas –sonreí de nuevo, recordando la escena- entonces corrí y las saqué de ahí justo antes que el mostrador cayera donde habían estado paradas.
Tanto Naoko como Aoi quedaron boquiabiertas…
- Es cierto… ¿Pero cómo? –exclamó Naoko-
- ¿Cómo voy a saberlo? De repente abrí los ojos y estaba en este cuerpo.
Naoko comenzó a reírse, tratando de controlar sus nervios…
- ¡Esto no es gracioso! –grité furioso-
- Lo siento… es que no lo puedo creer…
Aoi me miraba en silencio, no decía nada…
- ¡Nadeshico di algo! –exclamó Naoko-
- Zafiro, es probable que hayas renacido en un cuervo. –dijo Aoi tranquilamente-
- ¿¡Qué!? –grité-
- Es la única explicación lógica que encuentro.
- ¡Bueno ya! –dijo Naoko- hoy ni modo, te tocará vivir en ese cuerpo.
Pasó mucho tiempo para que lograra acostumbrarme a ese cuerpo, lo raro del caso era que solo ellas dos podían escucharme, los demás solo escuchaban mis graznidos. Las cosas extrañas comenzaron a suceder más a menudo.


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