-.Naoko.-
Que día más largo, era viernes y marzo llegaba a su fin, el folder estaba muy lleno, habíamos trabajado mucho estos días, me sentía agotada, la carga estudiantil y esto me estaban consiguiendo un dolor terrible en el cuello de puro estrés. Sin embargo, teníamos el dinero suficiente para pagarle a Yoko y repartirnos el resto nosotras dos.
Viernes… ahora que lo recuerdo, hace una semana un chico nos llamó muy asustado (como todos nuestros clientes) Nadeshico y yo íbamos a una casa vieja a buscar fantasmas, pues el dueño quería vivir tranquilamente ahí, y esos fantasmas no se lo permitían. El teléfono sonó cuando alistábamos nuestras cosas para irnos.
- Agencia de detectives paranormales Eclipse, buenas tardes. –el saludo de Yoko era un ritual diario al contestar el teléfono-
- ¿Hola? Eh… bueno, yo me preguntaba si podrían enviar a alguien a mi casa… hay fantasmas aquí que lanzan las cosas por los aires, y ya es más molesto que escalofriante.
- Claro… ¿Cuál es su dirección?... si… ajá… ¿39 av.? Bien, gracias por llamar, en unos minutos llegará alguien para ayudarle.
Yoko colgó el teléfono y extendió el “post it” con la dirección del chico…
- Un cliente… dice que hay fantasmas en su casa.
- Yoko –dije- justo ahora vamos a otra casa.
- Sí, lo sé, pero de verdad parecía muy asustado, además quien quita y es muy guapo.
Nadeshico sonrió y se puso su maletín.
- Es cierto Naoko, porque no vas y lo averiguas. –diciendo esto salió de la habitación-
- ¿¡Qué!? –exclamé- ¿Por qué yo?
- Bueno, tú tienes el “post it” –respondió Yoko-
Lo tomé preguntándome “¿Por qué a mí?” En todo el camino a bordo del autobús, me pregunté ¿por qué Nadeshico no había querido tomar ese cliente? Me bajé al fin y caminé buscando la 39 av. Aparte de que no quería ir, ¿Tenía que caminar para encontrar su casa? Sólo espero que no sea producto de su imaginación, o que no tenga una plaga de ratas o insectos raros que boten las cosas. Al fin llegué frente a su casa y comprobé la dirección muchas veces.
- ¿Será aquí? Yo creo que sí.
Toqué el timbre impacientemente, nadie abrió, volví a tocar una y otra vez, era una casa grande, color celeste con una terraza…
- ¿Por qué no abren?
Comencé a enojarme, me di la vuelta y caminé decidida a irme, cuando una chica abrió la puerta, tendría unos trece años, me miró extrañada.
- ¿Quién es usted? –preguntó-
- Ah, bueno –me di la vuelta y miré a la chica- me llamaron para investigar sobre… objetos que… vuelan.
- ¡Ah! ¿Agencia Eclipse?
- Si.
- Pasa, pasa… -dijo presurosa-
Entré a la casa, definitivamente había algo raro, sentía una sensación fría. Todo estaba en desorden, los cojines estaban en el suelo, los cuadros y espejos rotos, traté de no patearnos para no dañarlos más.
- Espera aquí, llamaré a mi hermano –dijo corriendo escaleras arriba-
Me quedé parada en la sala y cerré los ojos para detectar mejor la presencia, podía verlos, sí… pero antes tenía que localizarlos. La presencia era más fuerte en la cocina, iba a caminar hasta allá, cuando bajó la chica con su hermano, avanzaron hasta mí, y el joven me extendió la mano.
- Hola, soy Hagi… ella es mi hermana Mako.
Estreché la mano con una sonrisa, Hagi tenía una piel bronceada color canela, ojos oscuros y un cabello “esponjado”… definitivamente, no se parecía nada a mí, aparte que su ropa tenía tonos muy alegres, casi solté una carcajada al ver que su camisa no sólo era morada… si no que tenía una gran palmera que cubría todo el lado derecho.
- Hola, me llamo Naoko Kuro.
- Esperaba un gran equipo de científicos.
- Creo que conmigo basta, además ya descubrí que están en la cocina. ¿Te importa si entro?
- No, para nada…. Pasa.
- ¿Sí se puede? –pregunté aun dudándolo-
- Te llamé por eso ¿no?
Me pareció muy pesado, y eso que venía a ayudarlo, pero bueno… entré a la cocina, rabiando porque Nadeshico debería estar aquí conmigo en este desorden, llegamos justo cuando comenzaron a tirar los trastos y ollas…
- ¡¿Quieren calmarse?! –ordené-
La lluvia de ollas cesó, eran dos niños y me miraron confundidos.
- ¿Hablas con nosotros? –preguntó uno de ellos-
- Sí… ¿Acaso hay alguien más?
Señalaron a Hagi y a su hermana, yo los miré seriamente…
- ¿Creen que es divertido estar aquí lanzando objetos? Podrían estar en un lugar más espacioso, jugando con todos sus amigos.
- ¡No tenemos amigos… estamos muertos!
- Eh… disculpa… -susurró Hagi- ¿Con quién hablas?
- No me interrumpas… -respondí-
- Estamos aburridos, por eso estamos aquí. –dijo el otro chiquillo-
- Niños, por favor, ustedes tienen que estar con sus padres y sus amigos… -insistí-
- ¡No queremos! –gritaron- ¡queremos ver las caras de ellos cuando lanzamos las cosas!
Comenzaron a lanzar de nuevo ollas y reírse al ver que Mako salió corriendo llena de pavor. Nunca he tenido mucha paciencia… menos con los niños…
- ¡Ya basta! –grité-
Hagi me miró asombrado, los niños dejaron de tirar cosas y me miraron asustados…
- Escuchen… -traté de calmarme al ver sus rostros llenos de miedo- solo quiero ayudarlos… si se quedan aquí, olvidarán pronto quienes fueron, y nunca podrán ver de nuevo a sus padres y a sus demás amigos.
- ¿Nunca? –preguntó el más pequeño-
- No… creo que deben estar con ellos, estoy segura que los están esperando.
Ambos se acercaron a mí, dudosos…
- ¿Le dirías a los dueños de la casa, que lamentamos haber roto sus trastos?
- Claro –reí-
Los dos se miraron y sonrieron, se tomaron de la mano y comenzaron a caminar, dándome la espalda, de pronto desaparecieron. Sonreí al ver que las presencias se habían ido…
- Bueno –suspiré- se han ido.
- ¿En serio? –preguntó sorprendido-
- Sí, ya no te molestarán.
- ¡Muchas gracias! –exclamó- ¿Cuánto te debo?
- Eh… bueno, no fue tan difícil…
Quería de alguna forma quedar bien con él, pues a pesar de todo, me atraía un poco… aunque siendo sincera… ¡mucho! No esperaba para contarla a Nadeshico que en verdad SI había estado guapo. Traté de poner una cantidad un poco considerable…
- Eh… eh… son veinticinco dólares.
- ¿Qué? Pensé que por lo menos serían unos cien dólares.
Me reí nerviosamente, en realidad, cien dólares, era nuestra tarifa para la mayoría de los casos de este tipo.
- Toma –dijo dándome el dinero-
- Gracias, ah… esta es mi tarjeta, si tienes algún problema, puedes llamarme, te anotaré mi celular.
Escribí al reverso de la tarjeta mi nombre y el número de mi celular.
- Gracias… -sonrió tomándola y leyéndola-
- Creo que… ya me voy –dije-
- Ok, espero verte pronto –sonrió-
- Si, adiós.
Salí y tomé el autobús de regreso…. Yo también esperaba verlo pronto.
¡RING, RING!
¡El teléfono! Basta de perder el tiempo, debo regresar a la realidad, y contestar pues Yoko no está.


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