CAPITULO II "Agencia de detectives paranormales: Eclipse" -PARTE III-

sábado, 21 de noviembre de 2009

 


-.Shiro.-

Si “masito” me daba con ese carro azul en el redondel, le pité hasta perderlo de vista… ¿Por qué la gente no se fijaba en las señales de tránsito?
Iba camino a la casa de Nadeshico, ahora Yoko pasaba mucho tiempo ahí después de clases, y llegaba a traerla como a las seis de la tarde para cenar y luego llevarla a casa. Esperé un momento afuera, cuando Yoko salió… Nadeshico y Naoko con ella.


- ¡Shiro! –exclamó Naoko- ¿Podrías llevarnos al centro?
- ¿Al centro? –pregunté-
- Sí… cosas de trabajo. –sonrió Nadeshico-


Las llevé sin hacer más preguntas, su negocio había tenido mucho éxito en poco tiempo, aunque según Yoko, su “primer trabajo” hace una semana, había afectado mucho a Aoi. Las dejamos en un hospital en el centro y nos fuimos a cenar con Yoko, iba a llevarla a un restaurante de lujo, celebrábamos nuestros tres años de estar juntos.


Antes de cenar, ella quiso ir a comprar unas cortinas rosa para la casa que poco a poco íbamos llenando de electrodomésticos y muebles… Al final de la noche, se quedó pensativa un rato antes de entrar a su casa.


- Shiro… -musitó-
- ¿Sí?
- ¿Me protegerías si algo me sucediera?


La miré unos instantes, intentando descifrar el porqué de su pregunta…


- Por supuesto.
- Gracias –sonrió-
- ¿Por qué lo preguntas?
- Es que… creo que eso es lo que necesitan las chicas… alguien que las proteja.
- Pronto lo encontrarán…
- Sí.


Nos dimos un beso de buenas noches y entró a su casa cerrando la puerta tras de sí. Subí al auto y manejé hasta mi casa, esa noche me quedé pensando en varias cosas… Yoko era tan diferente a Nadeshico y Aoi.


Aunque parecía no encajar, se llevaban muy bien, aun así… me intrigaba el “trabajo” de sus amigas, sabía que era muy probable que atacaran a mi Yoko, por eso le había obsequiado una cruz - bajo consejos de Naoko- eso me tranquilizaba un poco.


Yoko no sabía muy bien lo que sucedía en las “visitas” de las chicas a las casas de sus clientes, pero al regresar las veía cansadas, y algunas veces asustadas. Desde la muerte de su amigo Zafiro, habían cambiado increíblemente… pobre Zafiro… había sido tan buen amigo… con todos, no solo con ellas, si no con todos. Tal vez su pérdida las había afectado demasiado, pero bueno, ya había pasado más de un mes y se veían un poco mejor.


Salí al patio y encendí un cigarrillo, la luz tenue de la colilla era la única luz entre las plantas del jardín y las estrellas sobre mi cabeza. Pronto me casaría con Yoko, no lo podía creer, siempre la había amado en silencio, y ahora nuestras vidas se unirían para siempre. Sonreí en la penumbra, terminé mi cigarrillo, y decidí intentar dormir un poco.


- Yoko… mi Yoko… -susurré al caer cansado sobre la cama-


Los ojos se volvieron pesados, y pronto, quedé profundamente dormido.

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