CAPITULO IV "Sentimientos incorrespondidos" -PARTE III-

martes, 24 de noviembre de 2009

 


.-Rubí-.

Oscuridad, dulce placer que me embriaga. Sí… era maravilloso respirar el dolor, el sufrimiento del enemigo: los humanos.

Avancé entre las sombras hasta mi presa, un joven sacerdote… tan solo dos días habían pasado desde que recibió su nuevo “título”. Era joven y hermoso, una criatura así era merecedora de morir en mis brazos, pero antes debía arrebatarles su alma, hacer que el pecado floreciera en la piel de hombres como él, era tan placentero.

Sabía que me deseaba, sus ojos lo traicionaban, era tan obvio, rezaba sin detenerse, me divertía mucho… finalmente me detuve a escasos centímetros de él…

- ¿Ya has terminado de rezar? –pregunté con una sonrisa burlona-

- Santa María, madre de Dios… ruega… por nosotros… pe…ca…do…res…

Ya era tarde, estaba entre mis brazos, manso como un corderito, “He ganado una vez más” Sí… un alma más que ha conocido la perdición gracias a mi. Procuré proporcionarle suficiente placer para que siguiera deseándome luego y no hubiera manera de rescatar su débil alma.

Al concluir mi trabajo, fui a buscar a mi querido Kaname, al ser que siempre deseaba, a ese hermoso ángel que había caído frente a mis ojos.

- Kaname… -susurré-

El miraba el horizonte, su cabello oscuro danzaba con el viento, lo rodee con mis brazos mientras me hundía en su ancha espalda, inhalé su perfume… “El fruto prohibido”

- Rubí… ¿a quién condenaste esta vez? –preguntó serenamente-

- Un sacerdote joven, es hermoso aunque no más que tu.

Sonrió, y me miró… sus ojos desbordaban deseos, me empujó violentamente contra la pared de esa casa abandonada y recorrió mi cuerpo con sus gruesas y cálidas manos, cerré los ojos imaginando lo que iba a ocurrir.

- Sí… Kaname…

Él me miraba sonriendo, esa belleza… esos ojos de fuego, ese cabello oscuro… ¡un ángel! La mejor de mis presas, mi trofeo. Dejé entre jadeos que se saciara a su gusto, sin embargo… nunca terminaba lo que comenzaba, lo había cazado a medias, pues aunque tuviera su carne, nunca la había probado. Maldije por lo alto mientras me separaba de él…

- ¿Por qué? –pregunté-

- ¿De qué hablas?

- ¿Acaso nunca serás mío?

- Todos tenemos que pagar nuestros pecados de alguna manera… tal vez yo soy tu castigo.

Rechiné los dientes furiosa y salté por la ventana, el aire chocó contra mi cuerpo y caí al suelo de pie, miré hacia la ventana… él seguía ahí, apacible… como un lago.

- Mi castigo…

Traté de pensar en otra cosa para calmarme, las visitas como “súcubo” comenzaban a aburrirme, tenía que buscar un nuevo hobby, la iglesia ya no me divertía tanto como al principio. El viento sopló levantando mi cabello, algo chocó contra mis pies, una hoja de periódico, la miré indiferentemente unos segundos, hasta que vi algo que llamó mi atención… la levanté para leer mejor.

Detectives paranormales descubren una fosa común

Naoko Kuro y Nadeshico Aoi son dos chicas aparentemente normales, que dedican su tiempo libre a las ciencias paranormales.

Desde que iniciaron hace tres meses, han ayudado a varias personas, desde simples fantasmas juguetones, hasta exorcizar posesos.

Su último “trabajo” fue en una casa abandonada, los vecinos se quejaban de espectros que los molestaban día y noche. Las chicas acudieron, sólo para descubrir una fosa común en medio de la casa, las autoridades investigan ahora el caso.

Los vecinos se muestran más tranquilos, pues los “fantasmas” han cesado de molestarles.

La nota continuaba explicando los detalles sobre los cadáveres y la profundidad de la fosa, pero eso no me importaba. Sonreí…

- ¿Con que detectives paranormales?

Observé a las dos chicas en la foto del periódico, apenas unas niñas… me pregunté si podía entretenerme. Guardé la página en mi bolsillo y comencé a caminar… era hora de buscar nuevas victimas.

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