.-Rubí-.
Oscuridad, dulce placer que me embriaga. Sí… era maravilloso respirar el dolor, el sufrimiento del enemigo: los humanos.
Avancé entre las sombras hasta mi presa, un joven sacerdote… tan solo dos días habían pasado desde que recibió su nuevo “título”. Era joven y hermoso, una criatura así era merecedora de morir en mis brazos, pero antes debía arrebatarles su alma, hacer que el pecado floreciera en la piel de hombres como él, era tan placentero.
Sabía que me deseaba, sus ojos lo traicionaban, era tan obvio, rezaba sin detenerse, me divertía mucho… finalmente me detuve a escasos centímetros de él…
- ¿Ya has terminado de rezar? –pregunté con una sonrisa burlona-
- Santa María, madre de Dios… ruega… por nosotros… pe…ca…do…res…
Al concluir mi trabajo, fui a buscar a mi querido Kaname, al ser que siempre deseaba, a ese hermoso ángel que había caído frente a mis ojos.
- Un sacerdote joven, es hermoso aunque no más que tu.
Sonrió, y me miró… sus ojos desbordaban deseos, me empujó violentamente contra la pared de esa casa abandonada y recorrió mi cuerpo con sus gruesas y cálidas manos, cerré los ojos imaginando lo que iba a ocurrir.
- ¿De qué hablas?
- ¿Acaso nunca serás mío?
- Todos tenemos que pagar nuestros pecados de alguna manera… tal vez yo soy tu castigo.
“Detectives paranormales descubren una fosa común”
Naoko Kuro y Nadeshico Aoi son dos chicas aparentemente normales, que dedican su tiempo libre a las ciencias paranormales.
Desde que iniciaron hace tres meses, han ayudado a varias personas, desde simples fantasmas juguetones, hasta exorcizar posesos.
Su último “trabajo” fue en una casa abandonada, los vecinos se quejaban de espectros que los molestaban día y noche. Las chicas acudieron, sólo para descubrir una fosa común en medio de la casa, las autoridades investigan ahora el caso.
Los vecinos se muestran más tranquilos, pues los “fantasmas” han cesado de molestarles.
La nota continuaba explicando los detalles sobre los cadáveres y la profundidad de la fosa, pero eso no me importaba. Sonreí…


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