CAPITULO V "La casa embrujada" -PARTE I-

miércoles, 25 de noviembre de 2009

 


-.Naoko.-

Desperté temprano, teníamos trabajo ese día, un hombre nos había llamado desde Canadá, tenía una casa en nuestra ciudad, y no la habitaban porque decía que la gente que entraba desaparecía. Nunca había dormido ahí, pues la casa la había heredado de su abuelo, quien tampoco vivió ahí, prácticamente, estaba abandonada.

Una vez al mes, su dueño mandaba a un grupo de personas para que la arreglaran, y la mantuvieran en buenas condiciones.

Llegamos con Nadeshico y Zafiro como a eso de las nueve de la mañana. Un hombre alto, delgado y algo viejo nos esperaba en el portón.

- Buenos días. –dije- Somos Naoko Kuro y Nadeshico Aoi de la agencia de detectives paranormales Eclipse.

- Ah, ¡las esperaba! Es señor Mosa me dijo que iban a ver la casa.

- Sí, algo así… -sonrió Nadeshico-

El hombre abrió el candado del zaguán, pasamos al jardín que sólo tenía flores silvestres, cadáveres de rosas… las que una vez fueron claveles y flores hermosas, cubrían como mala hierba aquel gran espacio…

- Tenemos seis meses de no venir… -susurró el hombre- desde… que desapareció la última persona.

- ¿Cuántos desaparecieron en total? –pregunté intrigada-

- De los que conocía eran alrededor de veinte, todo eso fue en un lapso de cuatro meses.

- ¿Veinte desaparecidos? –Preguntó Nadeshico sorprendida- ¿No informaron a la policía?

- Sí… pero el agente que vino a investigar… también desapareció.

Al llegar frente a la puerta, el hombre se detuvo y nos miró con una expresión sombría en su rostro.

Aún no están dentro… si de verdad valoran sus vidas, deberían pensarlo un poco más… ¿Están seguras que quieren entrar?

- No se preocupe… estaremos bien. –dije tranquilamente-

El hombre lo dudó un poco, luego abrió la puerta y nos miró.

- Las esperaré aquí hasta la noche, si no salen antes de las seis… tendré que irme, volveré por la mañana a revisar de nuevo… -miró el suelo tristemente- sin embargo, si no las veo aquí afuera por la mañana… bueno… lo lamento por ustedes.

Aunque me creía inmune a este tipo de cosas, no pude reprimir un escalofrío. Nadeshico puso su mano en mi hombro y sonrió.

- Naoko… ¿Estás lista?

La miré unos segundos, estaba muy tranquila, nunca había comprendido esa parte pacifica de Nadeshico, Zafiro aleteó en su hombro.

- Sí, vamos.

Entramos a la casa, estaba muy oscura, aunque la luz del día entraba por las ventanas, no era suficiente para alumbrar el recinto. Los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas.

- Dejaré la puerta abierta hasta las seis… recuérdenlo. –Susurró el hombre-

Asentimos en silencio y avanzamos por la vivienda, las paredes tenían unos tapices azulados, una gran alfombra cubría el suelo, la gran lámpara del salón principal me dejó atontada, era digna del más lujoso teatro de Londres o de Paris. No había no un cuadro o adorno.

- ¿Sientes algo? –Pregunté a mi compañera-

- Nada…

- ¿Y tu Zafiro?

- Tampoco.

- ¿Es hermosa verdad?

Nadeshico admiraba la casa, tenía razón… era un lugar hermoso, cualquier persona querría vivir ahí.

- Vamos arriba, a ver que encontramos. –sugerí-

Subimos las escaleras en silencio y nos encontramos con un amplio corredor, a los lados habían muchas puertas, abrimos una tras otra sin interesarnos mucho en lo de adentro, sin embargo, al final del pasillo había una puerta medio abierta, Nadeshico se acercó curiosa, Zafiro pareció alterarse.

- ¡Aoi! –Graznó en su hombro- Ten cuidado…

Caminé hasta ella y me situé a su lado, entonces pude sentirlo, una extraña presencia emanaba del lugar… jamás había sentido algo similar. Nadeshico empujó la puerta suavemente, esta se abrió despacio…

Abrí los ojos incrédula… ¿Era posible? Era… ¡La casa de Hagi! Todo estaba en el lugar de siempre… el sofá, el estéreo, la librera llena de adornos y fotos familiares, aquella palmera pequeña en la esquina de la sala. Sonreí y avance contemplando todo, estaba en su casa… ¡No había duda! Pero entonces… ¿Dónde estaba Hagi?

- ¿Naoko? –susurró-

Miré a la derecha, siguiendo el sonido de la voz, él estaba ahí de pie, junto a la ventana.

- ¡Hagi! –sonreí avanzando despacio hasta mi querido amigo-

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