
Me desperté de madrugada, algo no me dejaba dormir. Había tenido extrañas pesadillas durante la noche, que no podía recordar. Me levanté agitada y tomé mi bata blanca, los pliegues se deslizaban tras mis pies como una sombra. Encendí un candelabro y me senté, no tenía idea que horas podían ser, pero no podía escuchar ni el más leve sonido diurno.
Tratando de escuchar el día, le oí, un débil lamento en la pared derecha. Corrí y toqué la pared, de nuevo… un gemido de dolor…
Tratando de escuchar el día, le oí, un débil lamento en la pared derecha. Corrí y toqué la pared, de nuevo… un gemido de dolor…
- ¿Fuyu? –susurré asustada-
Le escuché toser, y parecía respirar con dificultad.
- ¡Fuyu! –exclamé desesperada-
Luego de unos segundos en silencio…
- ¿Haru? –respondió débilmente-
- Fuyu… ¿Qué te ocurre?
- Estoy bien… -tosió de nuevo- viene “él” que no te escuche…
Guardé silencio, escuchando detenidamente como se abría su puerta, y como cedía el picaporte, su celda no tenía candado como la mía…
- Hola Fuyu. –era el demonio-
- ¿Qué quieres? –preguntó mi ángel bruscamente-
- Pero que mal educado… -rió el demonio- vine a verte… ¿Qué haces en el suelo? Ah… estás sangrando-dijo tranquilamente-
¡Sangrando! Sorprendida cubrí mi boca con ambas manos, mis ojos se abrieron asemejando dos grandes canicas cafés… Escuché unos pasos fuertes y pesados, era el demonio caminando, sin duda…
- ¿De verdad quieres seguir aquí? –preguntó con una gota de malicia en su voz-
Fuyu tosió de nuevo, esta vez más prolongadamente y con mayor dificultad.
- Aún no entiendo –dijo el demonio en tono pensativo- ¿Cómo puedes vivir después de haber perdido tanta sangre?
Mis ojos llorosos no pudieron soportar tantas lágrimas, y una a una cayeron como cristales en mi bata blanca…
- Quiero… escuchar su voz… -respondió Fuyu-
- ¿Así que rechazas lo que te ofrezco solo por escuchar a Haru? -Preguntó el demonio asombrado, pero a la vez molesto y hasta cierto punto… ofendido-
- Ella es mi alegría… aunque sea libre, no podré ser feliz si sé que nunca la volveré a escuchar.
El demonio carcajeó…
- ¡Maravilloso! –reía escandalosamente mientras alzaba la voz- ¡Increíble! Sabía que ustedes dos podrían entretenerme más que todas las demás muñecas juntas, hice una buena decisión al poner mi atención sobre ustedes.
Hizo una pausa y susurró algunas cosas que no pude entenderle, luego rió estrepitosamente y escuché como cerraba la puerta y se marchaba.
- Fuyu… -susurré tocando la pared-
- Haru… ¿Podrías cantar para mí?
Guardé silencio unos segundos para recuperar mi voz y poder liberar mi garganta de aquel nudo que se había formado al escuchar lo que acababa de ocurrir.
- Claro que sí…
Comencé a cantarle en susurros, escuché que su respiración iba volviendo a la normalidad…
- ¿Fuyu? –susurré- ¿Te sientes mejor?
No respondió… se había quedado dormido, pues escuché su respiración pausada y tranquila. Sonreí, pero mi sonrisa desapareció pronto. ¿Qué le había ofrecido el demonio? ¿Libertad? Y… ¿La sangre? Nuevos diamantes se desprendieron de mis ojos…
- Mi cajita musical…-susurré preocupada-

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