
.-Nadeshico-.
Estaba nublado, definitivamente sería un día interesante. Me gustaban los días así, pues había poco sol y me asoleaba menos, no me gustaba quemarme demasiado, aparte de tener parches en la piel, podría darme un cáncer. Me puse mi vestido, cepillé mi cabello y coloqué un listón negro en el lado izquierdo de mi cabeza.
Extendí mi sombrilla negra al salir a la luz del día, a pesar de estar nublado, un claro ocasional se asomaba curioso. Llegué al parque, llevaba chocolates… a Zafiro le gustaban, siempre había delirado por ellos. Me senté en la banca verde de siempre, esperando a mi amigo para darle su desayuno.
Comencé a observar a la gente, mientras esperaba. Lo que últimamente me había ocurrido ya no me sorprendía tanto como al principio.
La primera vez, caminaba a mi casa, era de noche, tenía que ir a pie como 10 cuadras. Pasaba al lado de un portón negro, dentro estaba oscuro y aunque no vi directamente, sentí que alguien me observaba, miré de reojo y una cara pálida me miraba de entre los barrotes.
Mi piel se erizó, me puse helada, pero no detuve el paso, caminé sin mirar atrás.
Al llegar a mi casa me senté tratando de no pensar en ello, pero me fue imposible.
Desde ese día, comencé a ver cosas… rostros, mujeres, niños… A veces los escuchaba: lloraban, se quejaban y algunos decían maldiciones.
No lograba acostumbrarme, después que Zafiro nos dijo sobre los poderes, las cosas comenzaron a tener sentido. Tal vez ese “don” provenía de él.
Sentí la brisa del aleto a mis espaldas, Zafiro estaba en mi hombro…
- Buenos días Aoi.
- Hola… te traje chocolates.
Destapé los chocolates y lo dejé sobre la palma de mi mano, Zafiro bajó hasta mi falda y comenzó a picotear…
- ¿Ocurre algo? –me preguntó-
- No.
- ¿Estás segura?
Guardé silencio…
- He… estado viendo cosas.
- ¿Cosas? –preguntó interesado- ¿Qué clase de cosas?
- Espíritus… y voces.
No dijo nada, parecía que estaba asociando las cosas…
- ¿Desde cuando sucede eso?
- Desde hace un par de semanas.
- ¿Te han hecho daño?
- No… parece que no se dan cuenta que los veo.
- Pensé que desarrollarían el mismo poder… -susurró pensativo-
- ¿Te refieres a Naoko?
- Sí… creo que con el tiempo, podrán descubrir más poderes.
Naoko llegó al momento, y se sentó a mi lado…
- ¡Nadeshico! Ayer soñé contigo…
- ¿Conmigo? –pregunté-
Naoko me contó su sueño, y entonces me convencí, de que en verdad era un don…
- ¡Hey pero no es justo! Yo también quiero ver fantasmas… -protestó mi amiga-
Zafiro no dijo nada. Ese día teníamos que ir a tomar unas fotografías artísticas par aun trabajo de la universidad. Fuimos a la vieja alcaldía, que ahora estaba abandonada. Pedimos los respectivos permisos, y entramos…
- Yoko me dijo que quería ir a cenar con nosotras.
- ¿Si… iremos ahora? –pregunté-
- Claro. –sonrió mi amiga-
Subimos a la segunda planta, el suelo de madera rechinaba bajo nuestros pies, sentí algo raro… como un aire frio al subir, Naoko se detuvo…
- ¿Lo sentiste? –me preguntó sorprendida-
- Sí…
En el baño abandonado se escuchaba un fuerte ruido, parecía una piedra que iba rodando desde la cima de una montaña invisible.
- Nadeshico… creo que tenemos que irnos… ¡A-H-O-R-A!
De pronto comenzó a temblar, las cosas se caían y volaban sobre nuestras cabezas. Oía a lo lejos una voz de mujer que lloraba inconsolablemente. Naoko me tomó de la mano y me guió por el caos para salir de ahí.
- ¿Estás bien? –me preguntó-
- Sí… -respondí- adentro… ¿La viste?
- ¿Qué si lo vi? No solo eso, también lo sentí.
- Me refiero a la mujer que estaba dentro del baño.
- ¿Mujer?
- Sí… ¿no la viste? –pregunté extrañada- parecía muy triste.
- Nadeshico… ¿Era un fantasma?
- Creo que sí… y algo me dice que debemos ayudarla.
Sin esperar demasiado la respuesta de mi amiga corrí de nuevo hasta el baño. Oí sollozos, entré… los vidrios estaban rotos, los azulejos estaban amarillentos y quebrados por el deterioro y el abandono.
Seguí hasta el final del pasillo, revisé uno por uno los servicios… no vi nada. Sin embargo, podía escuchar los sollozos, entonces regresé de nuevo a los lavamanos, y ahí estaba ella… era una chica de unos veinte años, tenía un vestido blanco, y su pelo rubio estaba todo alborotado, se lavaba las manos frenéticamente, parecía asustada.
- ¿Estás bien? –pregunté aun dudando, pues no había visto a nadie entrar aparte de Nadeshico-
La chica se detuvo y pareció sorprendida, entonces me miró, tenía una piel muy pálida, y su maquillaje se había estropeado por las lágrimas.
- ¿Me hablas a mí? –preguntó incrédula-
- Eh… si…
Una ligera sonrisa se esbozó en sus labios…
- Al fin… ¡al fin alguien que puede verme!
Se limpió las lagrimas y miró al espejo quebrado, sin conseguir ver su propio reflejo, entonces lo supe… ¡Era un fantasma!
- No tienes idea –prosiguió- cuanto tiempo he pasado aquí… sola, sin que nadie me ayude.
Me acerqué a ella con cautela, era la primera vez que uno de ellos me hablaba, mi primer “contacto directo” por decirlo así…
- Dime –dije- ¿Qué te ocurrió?
- No lo sé, todo pasó tan rápido…
- Tranquila… tal vez si me cuentas lo que ocurrió pueda ayudarte…
Me miró inmediatamente, sonriendo…
- ¿De verdad?
- Puedo intentarlo…
- De acuerdo –suspiró- Cuanto tiempo ha pasado, no podría decirlo… pero fue el año de 1975… acababa de cumplir 20 años. Mi novio y yo íbamos a huir juntos, me dijo que antes de irnos, teníamos que casarnos.
Ella se sentó en el suelo, recordando su pasado. Yo la miraba, no sentía miedo, solo mucha compasión por su alma atormentada.
- Esa noche, nos juntaríamos aquí en la alcaldía –continuó- un amigo de él nos casaría a escondidas. Vine como a las nueve, pero aún estaba cerrado. Esperé en el portón principal, pasaron unos 40 minutos cuando vi a un trío de borrachos que venían del parque. Al principio no les tomé mucha importancia, pero cuando me vieron, avanzaron hacia mí, yo traté de huir, pero me alcanzaron en el jardín de la alcaldía, uno de ellos llevaba un cuchillo…
La joven miraba el suelo tristemente…
- … me amenazaron con matarme si no hacía lo que decían… uno se acercó y comenzó a tocarme… entonces no lo pude soportar y lo golpee en la cara, corrí a la alcaldía y entre por una ventana mal cerrada. La cerré tras de mí, pero lograron quebrarla con una piedra y entraron. Corrí hasta aquí… estaba acorralada, solo tenía la esperanza que mi novio o su amigo llegaran a tiempo para ayudarme, pero… nadie llegó, me encontraron y no pude hacer nada…
Comenzó a llorar inconsolablemente. En ese momento llegó Naoko, pero no pudo ver a la chica, esta no le tomó importancia y prosiguió su relato… Hice una seña a mi amiga para que guardara silencio, aunque no pudiera verla, podía sentir su presencia…
- No solo abusaron de mí los tres, si no que luego me acuchillaron, justo en este lugar… desde entonces no puedo irme ¡no puedo salir!
Observé su vestido, estaba rasgado y manchado de sangre por todos lados. No sabía que hacer, no parecía ser un espíritu malo, solo estaba asustada…
- Escúchame –traté de hablarle dulcemente- sé que te sientes muy mal, pero ya no perteneces a este mundo…. Han pasado 34 años desde tu muerte, es hora que vayas al siguiente plano.
Naoko me miraba asustada desde la puerta, ni siquiera yo misma sabía lo que decía, pero era lo más lógico que se me ocurría en ese momento. La chica me observó con lágrimas en los ojos.
- Pero… yo no sé que será de mí. Tengo miedo.
- Tranquila –sonreí- yo tampoco sé que te espera… pero estoy segura, que sea lo que sea, será mucho mejor que estar aquí encerrada, sola, recordando esa vida tan triste… dicen que más allá, solo hay paz para las almas, y una gran tranquilidad invade los corazones, no hay dolor, ni pena, ni maldad…
Ella ya no lloraba, me sonrió y se levantó…
- Tienes razón-dijo finalmente- he pasad mucho tiempo sola, ya no pertenezco a este mundo… gracias por tus palabras…. Creo que eso necesitaba.
Me levanté y le sonreí…
- Cuídate mucho… -susurró- Adiós…
- Adiós… -musité-
Lentamente comenzó a desaparecer, entonces Naoko pudo verla y abriendo la boca, se quedó paralizada, hasta que se evaporó por completo. La sensación extraña desapareció, los sollozos también, Naoko suspiró y me miró…
- Era… ella…
- Sí, un fantasma-le sonreí-
- ¡No!... es decir…. ¡Si!... pero, Nadeshico… ella era la hija del alcalde de esa época, por eso abandonaron la alcaldía en ese momento, porque el padre no soportaba estar aquí. Es una historia vieja.
- Nunca la había escuchado….
- Acabamos de conocer a la protagonista de una de las peores tragedias del pueblo.

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